por Gilles Charette

Ayer asistí a la 42.ª Vigilia Anual a la Luz de las Velas contra el SIDA en el parque Barbara Hall de Toronto, para honrar y recordar a quienes han fallecido a causa de la epidemia del SIDA. La vigilia, que se celebra el martes por la noche de la semana del Orgullo de Toronto, la organiza un comité de voluntarios de organizaciones de apoyo a personas con SIDA y de nuestras comunidades. El centro comunitario 519 actúa como administrador del Monumento Conmemorativo del SIDA.
La velada la presentaron Van Goth, ganador de «Canada’s Drag Race», junto con Ower Alexander Oberto, activista comunitario. Este año se han añadido 20 nombres al Monumento Conmemorativo del SIDA.

La semana pasada fui a una «Celebración de la vida» en memoria de un amigo cuya vida se truncó demasiado pronto.
Allí, en la funeraria, me llamó la atención algo que hoy, en 2026, me pareció un poco raro: estar rodeado de gente joven que lloraba la pérdida de alguien tan joven. La pérdida de una vida joven conlleva una tristeza especial; no solo por quién era esa persona, sino por todo lo que podría haber llegado a ser.
Por un momento, me sentí transportado más de 30 años atrás, cuando estas reuniones eran, por desgracia, muy habituales. En pleno apogeo de la crisis del sida, las comunidades se reunían una y otra vez para llorar la pérdida de amigos, parejas y familiares de corazón cuyas vidas se acabaron demasiado pronto.
Ese recuerdo me acompañó anoche en la vigilia anual contra el sida que se celebró en el parque Barbara Hall.

Han cambiado muchas cosas en estos 30 años. Gracias a los tratamientos eficaces, las personas que viven con el VIH pueden esperar llevar una vida larga y saludable, y no pueden transmitir el VIH a sus parejas sexuales. Las personas seronegativas tienen más opciones que nunca para proteger su salud sexual, incluida la PrEP.
Y, sin embargo, todavía queda mucho por hacer.

La vigilia de anoche nos recordó que, a día de hoy, la gente sigue muriendo por enfermedades relacionadas con el sida. Muchas de estas muertes se podrían evitar con un acceso equitativo a la atención sanitaria, al apoyo en materia de salud mental y de adicciones, y haciendo frente al estigma que sigue rodeando al VIH. La desinformación, los mitos obsoletos y las leyes que penalizan no revelar el estado serológico contribuyen a crear barreras que impiden que la gente se haga la prueba, conozca su estado y acceda a la atención médica.
Estos momentos de duelo colectivo son también momentos de responsabilidad colectiva. Al recordar a los innumerables amigos, parejas, familiares elegidos y miembros de la comunidad que hemos perdido, nos damos cuenta de que cuidarnos unos a otros es algo que hay que hacer siempre, y de que nuestro trabajo aún no ha terminado.
– Gilles Charette
